jueves, 1 de marzo de 2007

SEÑALES DE LA DIMENSION TRASCENDENTE DE LA VIDA

Los milagros existen, sólo que muchas veces son diferentes a como nosotros podemos pensar de su formar y de cómo.

Para mí, en forma personal, el que la Revista Newsweek, en su última edición, tenga como título de la nota central “La Ciencia encuentra a Dios”, es un “milagro” de fin de siglo. Digo esto por que pienso que milagro es aquello que finalmente nos muestra ante nuestros ojos el poder de Dios.

El siglo XX amaneció con los anuncios de la “muerte” de Dios, alentada por el avance del poder de la ciencia y del materialismo filosófico, del poder de las revoluciones políticas, destinadas según sus promotores con el fin de crear un “hombre nuevo” y una “sociedad nueva”. Eran tantos “enemigos” para Dios y para las iglesias y los creyentes que la fe parecía sucumbir y la profecía de que Dios y la religión serían tirados al “basurero de la historia” parecía concretarse.

Había muchas razones por el que la gente veía ridiculizar su fe en Dios y finalmente abandonaban la misma adoptando muchos una nueva fe, esta secular (el Dios de la Razón, el Dios de la Ciencia, el Dios del Partido o del Estado). Entre esas razones estaban teorías que cuestionaban la existencia de Dios, del mundo espiritual y de los valores religiosos, teorías que justificaban su veracidad apoyadas supuestamente en la ciencia.

El tiempo ha pasado, Dios ha “sobrevivido” a todos los anunció y más que eso las personas de este tiempo vuelven en un número cada vez mayor su corazón y su mente hacia El para encontrar un verdadero sentido para sus vidas. El despertar religioso de fin de siglo, con sus claros y oscuros, es la más clara demostración del “hambre” y la “sed espiritual” que caracteriza a la sociedad moderna, la que está “hambrienta” y “seca” como resultado del materialismo imperante en este siglo.

Que la ciencia en su búsqueda de entender el mundo del efecto (el mundo o cosmos físico) lo ha llevado al borde del mundo de la causa no es nuevo. Grandes científicos de nuestra era han advertido la experiencia mística que significa descubrir la esencia y las leyes del universo. Es toda una revelación no explicable por el simple raciocinio. Esos mismos sabios, entre ellos el propio Einstein, han llegado a conclusiones religiosas a partir de escudriñar la naturaleza.

Ellos son la fiel prueba de la veracidad de lo que el Apóstol Pablo anunciaba en el mundo grecorromano de que “...lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, en forma que son inexcusable...”. En el Corán también se exhorta a que los seres humanos “viajen por la tierra y vean cómo El dio comienzo a la creación”.

Pese a este enorme cambió ideológico, donde la ciencia y la religión se acercan - desde espacios diferentes- a la comprensión de un solo cosmos (formado por la dimensión física y la espiritual), la realidad es que una no sustituye a la otra. No podemos a través de la ciencia conocer la naturaleza más íntima de nuestro Padre Celestial, ni a través de la religión podremos descubrir la naturaleza más íntima del mundo físico. Ambas si están acercándose en la certeza de la presencia de un Creador. Para el creyente, que esto ya es una realidad viva en su vida, significa no obstante un refuerzo intelectual muy importante y para el científico, en su afán de conocer la verdad, significa arrimarse a una realidad trascendente más allá de los sentidos físicos.

En ese sentido, aunque el artículo de la Revista Newsweek, no hace sino confirmar una tendencia del pensamiento y de la evolución de la ciencia de las últimas décadas, sobre la que se han escrito muchos artículos y libros, no deja de ser una nueva “señal” al mundo.

No obstante no deberíamos caer en la tentación fácil de que uno a través de la ciencia puede conocer el corazón y el amor de Dios que es lo único que redime y cambia verdaderamente a los hombres. Para eso hay un solo camino que es nuestro propio corazón, es sólo a través de la perfección de este que nos unimos con Dios y nuestros semejantes. Sólo la religión puede guiarnos en el camino de lograr la virtud y rectitud de nuestro carácter interno.

Repitiendo las palabras de Galileo, usadas en su defensa frente a la incomprensión del campo religioso de su época, y citadas por un columnista en “Newsweek”, “La intención de la Biblia es enseñarnos cómo se va al cielo, no cómo es el cielo”. De la misma forma para lograr la meta fundamental de la vida, que es ser un verdadero templo e hijo de Dios y ganar la vida espiritual eterna, los seres humanos no nos podemos apoyar en la ciencia sino en la religión.

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