Monseñor Walter Brandmuller, Presidente de la Comisión Pontificia de Ciencias Históricas, afirmo algo que he citado en otras oportunidades que las catástrofes europeas del Siglo XX, las dos guerras mundiales, y los campos de concentración nazi y comunista, eran el resultado de la ruptura de Europa con sus orígenes en Jerusalén, Atenas y Roma. Un pensador judío George Steiner coincidiendo con el anterior decía en un artículo titulado “El cansancio de la vieja Europa”, que la decadencia del continente europeo tenía que ver justamente con la ruptura con “Atenas” y “Jerusalén”.
El filósofo francés André Comte-Sponville, hablando en la prensa acerca de su conocido libro “Pequeño Tratado de Grande Virtudes” respondía a la pregunta: “¿Cómo puede la tradición y la moral "greco-judeocristiana" guiar a los hombres de este fin de siglo XX?, diciendo que el regreso del interés de la gente a la moral y la filosofía, “ no quiere decir que la gente sea más virtuosa que hace veinte años, sino que se preocupa más por la moral”.
Atribuye este "regreso de la filosofía" al declive de las respuestas de la religión; las ideologías (especialmente el marxismo) y las ciencias humanas. Respecto a estas el filósofo francés subraya al igual que otros pensadores actuales que “hemos terminado por darnos cuenta de que las ciencias humanas son incapaces de responder a las cuestiones relativas al sentido de la existencia, a los valores y al arte de vivir”. En definitiva la sociología, la economía y otras ciencias pueden ver un aspecto que las cosas, pero no todo el universo, especialmente lo que tiene que ver con el espíritu y los sentimientos.
La visión de Compte por venir del racionalismo tiende a desvincular religión y filosofía, vinculando o reduciendo pienso yo a aquella a la teología. Al descubrir que la gente tiene hambre de respuestas a las inquietudes existenciales esta reconociendo implícitamente que el deseo de la gente a conocer su origen y su propósito sigue vivo y ello tiene que ver con el aumento de la espiritualidad y la religiosidad.
Esto por supuesto no necesariamente conduce a un aumento del poder de las religiones si estas no son capaces de traducir los grandes valores en repuestas a las inquietudes espirituales, intelectuales y sociales de la época. Y eso es lo que sucede. No es, por ejemplo, que lo que enseño Jesús hace dos mil años no tenga validez y pueda tocar el corazón de la gente moderna. Por el contrario. Pero el problema esta en como es traducido a la realidad y como puede tocar a cada persona evitando interponer muchas veces dogmas o teologías que alejan a la gente de Dios y las iglesias.
Otra reflexión interesante del pensador francés tiene que ver con la universalidad de los valores. Al respecto señala que “aunque es verdad que cada civilización tiene sus valores, pienso que existe una convergencia en torno a lo que podríamos llamar los grandes valores de la humanidad. Lo que hace a un hombre moralmente estimable, en Francia, en Japón o en Egipto es esencialmente lo mismo”.
Otro punto sobre el cual hurga Compte es lo que podemos identificar con un diferente punto de partida de la búsqueda humana espiritual. Dice que: “Los antiguos pensadores trabajaban basándose en la idea del Bien. Muchos soñaban con la sociedad ideal, el hombre ideal. Nosotros, después del nazismo y el estalinismo, estamos más bien confrontados a la experiencia del mal y del horror. Tanto es así que la novedad de nuestra época reside en nuestro particular enfoque de la moral. Actualmente, no nos preocupa tanto la búsqueda de un bien absoluto, de una sociedad o un hombre ideales, como encontrar el medio de rehusar lo peor e intentar impedírselo a los demás. Es una especie de ética negativa y trágica”.
Uno puede ver que hemos ido perdiendo la capacidad de vivir de acuerdos a ideales, de tener idealidad, el que no conduce a la falta de practicidad o realismo. El fin de las “ideologías” ha sido más bien un período en donde los paradigmas que movieron la voluntad de millones de personas cayeron o se desvanecieron como gigantes de barro. Ahora enfrentados a los dilemas y graves problemas modernos la sociedad evita la guía de una ley moral perenne y tiende ilusamente a la mera defensa de mecanismo que piensa que por si solos pueden impedir lo peor. Pedimos derechos sin darnos cuenta que son el cumplimiento de los deberes lo que permita la vigencia de aquellos.
Donde una aprecia otra contradicción esta en la creencia racionalista de que no hay verdades eternas o más bien “reveladas” pero afirmar a la vez como - lo hace Compte -que “los valores que necesitamos actualmente son, en general, los mismos que hace veinticinco siglos. De las dieciocho virtudes que seleccioné en mi tratado, todas, menos una (el humor, que es la capacidad de burlarse de sí mismo) pertenecen en el fondo a los grandes valores tradicionales”. La universalidad de los principales valores o virtudes, como su larga permanencia en la historia, demuestra que no son producciones culturales sino valores propios de la naturaleza de los seres humanos, y por lo tanto tiene el mismo origen que el ser humano mismo, El Creador.
Pero donde uno puede apreciar como la tradición judeocristiana, y la greco-romana, que expresa más el racionalismo, son dos vértices sobre la cuál se educo la conciencia humana en los últimos siglos es cuando Compte en cuanto racionalista, reclama al igual que las religiones, al amor como el valor supremo. Expresa al respecto que “pienso que son virtudes completas: la justicia, la gran virtud griega, la generosidad, la gran virtud racionalista del siglo XVII, y finalmente el amor, la gran virtud judeocristiana, a la que corresponde la compasión en Oriente, especialmente para los budistas.
Dice así que “Creo efectivamente que la moral consiste en actuar como si se amara, pues si se ama se actúa naturalmente de manera virtuosa. Este es el sentido de la frase de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras". Pero es preciso saber que cuando no se ama ya cabe hacer lo que se quiere, sino lo que se debe. Así pues, las virtudes vienen a compensar la carencia de amor”. Agregaría que las virtudes se expresan en normas de comportamiento pero necesitan del amor como su fuente nutriente. Normas sin amor no funcionan y amor sin normas es como un torrente sin cauce.
San Agustín pudo decir eso, por que antes Pablo había dicho que sin “amor nada me aprovecha”, lo que sigue siendo cierto hoy como desde el comienzo de la historia humana.
jueves, 1 de marzo de 2007
LA FE Y LA RAZON, VALORES COMUNES
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