lunes, 5 de marzo de 2007

LAS INTERROGANTES DE LA CIENCIA

La revista estadounidense 'Science' en un número especial (www.sciencemag.org/sciext/125th/), del pasado 1ro. de julio, realizado con motivo de su 125º. Aniversario, plantea las que considera las 125 mas grandes o importantes preguntas que la ciencia aún tendría pendiente de respuesta en este siglo.

En el ranking, entre las primeras 25 están por ejemplo: ¿De qué está hecho el universo? ¿Cuál es la base biológica de la conciencia? ¿Por qué los seres humanos tienen tan pocos genes? ¿Son unificables las leyes de la física? ¿Cuánto pude durar la vida humana?

El escritor Tom Siegfried al introducir las preguntas pendientes de responder dice: "Los misterios por resolver proporcionan a la ciencia motivación y dirección" y recuerda, citando al Premio Nobel de Física 2004, David Gross que “una de las cualidades más creativas de un científico es la habilidad de plantearse las preguntas adecuadas".

Por su parte, el Director de “Science”, Donald Kennedy, al referirse a dichos “misterios” señala que "Hoy en día, los enigmas científicos más profundos se refieren a los mayores fenómenos del cosmos y a algunos de los más pequeños. Tal vez nunca logremos responder completamente algunas de estas preguntas, pero en el intento avanzarán nuestros conocimientos y avanzará nuestra sociedad".

Muchas de las 125 interrogantes planteadas, directa o indirectamente, se vinculan a la gran pregunta, que curiosamente no esta entre esa lista, que es el Origen y Propósito del Universo, y más concretamente a si hay una Primera Causa, Creador, o Dios. Puede ser que hacerse esa pregunta sea para parte de la comunidad científica algo embarazoso dado que entra en el campo de la metafísica, la filosofía o la religión.

El poeta español contemporáneo, Miguel d’Ors, expreso en versos el sentimiento de desazón que un creyente puede sentir cuando se ignora algo tan obvio para si mismo: «Tropezaban con Dios en cada cosa: un niño: Dios; una gaviota: Dios; una mujer que dice „yo también“: Dios; un buen verso: Dios. Pero eran ciegos, sordos, inexplicables,
y negaron a Dios como quien niega el mar o las manzanas»

Es algo inevitable para la Ciencia, en la medida que avance en sus descubrimientos como en la aplicación de los mismos, que entre en una dimensión no física, que reside en el espíritu, la conciencia, y en preguntas y cuestionamientos que lo lleven a una esfera diferente a la científica, fuera del mundo material.

Jerzy A. Janik, científico polaco nacido en Lodz, investigador y miembro de las Academias de Ciencias de Polonia y Noruega, a quién le unía una gran amistad con el fallecido Papa Juan Pablo II expresa en el curso de un reportaje ese reto al advertir: “Hoy la ciencia y la filosofía están separadas. Los filósofos han olvidado la necesidad de progresar más, y las ciencias han perdido de vista la necesidad de la filosofía. Los filósofos tienen pocos conocimientos científicos, porque es imposible combinar tantos conocimientos especializados. Es muy necesaria la colaboración entre ambas”

Janik continúa su reflexión diciendo: “La ciencia está muy interesa en describir el universo en general y los objetos que puedan experimentarse en la química, la física, la biología, la psicología, etc. Pero en la ciencia se llega a un punto en el que no es posible la pregunta de por qué existe algo en vez de nada. Eso es una cuestión puramente filosófica. Si Dios existe es una cosa que no puede contestar la ciencia. La física nos lleva a la metafísica, que posee un grado de abstracción superior al de la física”.

Para otro polaco, Monseñor Mons. Józef Zycinski , arzobispo de Lublin, en su ensayo “Las leyes de la naturaleza y la inmanencia de Dios en el Universo” afirma “El problema de la intervención de Dios en la naturaleza surge en el contexto de la moderna cosmología cuántica, como lo hizo en el siglo XVIII con los comentarios a la mecánica de Laplace”. En sus comentarios dice que “no se puede concebir la naturaleza como un sistema físicamente cerrado, esto es, un sistema en que los fenómenos físicos deban explicarse sólo por referencia a otros fenómenos físicos”. Con mayor precisión sostiene: “Sólo al nivel de la existencia humana, cuando se dan procesos conscientes, Dios interviene aportando información nueva a la conciencia. El contenido de nuestra conciencia no puede explicarse por referencia a determinantes puramente físicos”.

La sabiduría de los grandes científicos del pasado no estaba exenta de su profundo sentimiento de religiosidad, en cuanto buscar no sólo la verdad exterior (la forma y leyes del universo) sino también la verdad más interior, acerca del Creador.

Copernico decía "Si existe una ciencia que eleve el alma del hombre y la remonte a lo alto en medio de las pequeñeces de la tierra, es la Astronomía..., pues no se puede contemplar el orden magnífico que gobierna el universo sin mirar ante sí y en todas las cosas al Creador mismo, fuente de todo bien".

Johannes Kepler por su parte afirmaba "Día vendrá en el que podremos leer a Dios en la Naturaleza como lo leemos en las Sagradas Escrituras"

Isaac Newton, Físico, Astrónomo y Matemático, creía que "El orden admirable del sol, de los planetas y cometas tiene que ser obra de un Ser Todopoderoso e inteligente...; y si cada estrella fija es el centro de un sistema semejante al nuestro, es cierto que, llevando todos el sello del mismo plan, todos deben estar sumisos a un solo y mismo Ser... Este Ser infinito lo gobierna todo no como el alma del mundo, sino como Señor de todas las cosas. Dios es el Ser Supremo, Infinito, Eterno, absolutamente Perpetuo."

En conclusión, en el siglo XXI la búsqueda cognoscitiva más importante sigue refiriéndose como lo fue a lo largo de toda la historia de la civilización humana, a la cuestión – tal cual lo señale al principio –del origen y propósito de la vida humana y del Cosmos en su conjunto. La respuesta a esas cuestiones no puede ser resueltas sino es a través de un diálogo que incluya la religión, la filosofía y la ciencia.